Tan importante es el combustible como su buen uso

Hace tiempo que quería escribir sobre mi propia experiencia relacionada con el ejercicio físico, y ahora que veo a todo el vecindario corriendo lo que no ha corrido en todo el año, he sentido un gran impulso. Suelo hablar de nutrición energética, y qué mejor entorno que éste para hablar del uso de la energía, una vez obtenida a través de la alimentación y otras actividades.

En mi caso, tuve la suerte de crecer en un entorno familiarizado con la práctica de distintos deportes y actividades al aire libre, lo cual agradezco cada día más por la cantidad de beneficios que me ha aportado con los años, y de los que de niña no era consciente: disciplina, esfuerzo, superación, satisfacción, saber perder, compañerismo, presencia, elasticidad, fuerza, embarazos fabulosos, rápida recuperación de lesiones, memoria muscular, concentración, conexión con mi cuerpo, etc.

También sufrí con los años los efectos del estrés y de una vida acelerada donde olvidé los buenos hábitos físicos de la infancia, lo que me llevó a tener que “resetearme” y re-aprender a comer y re-producir energía de calidad para mi organismo.

No hay nada más fácil en el mundo que encontrar excusas para comer “cualquier cosa” y no entrenar el cuerpo. Todas buenas, todas justificadas, todas trampas. La energía se bloquea si no se activa.

Aprendí que nutrirse adecuadamente es importante, vital, determina la calidad de mi sangre y de mis huesos, condiciona mi sistema inmune, circulatorio y nervioso. Los alimentos me proporcionan energía, sí, pero está en mis manos la calidad de mis células, mi calidad de vida. Y comprobé con ello cómo el ejercicio físico es la palanca que activa mi metabolismo, mis hormonas, ayuda a asimilar los nutrientes, retrasa la oxidación celular, equilibra el funcionamiento de mis órganos y de mi cerebro. Y no me refiero precisamente a darse palizas en el gimnasio o a correr una maratón, si no a la práctica continuada de ejercicios físicos que activan la energía interior y promuevan la conexión con uno mismo.

Se lo digo a mis pacientes, incluso a los delgados!! No es una cuestión de estética, es principalmente un tema de salud, armonía y equilibrio. Por muy bien que comamos, la nutrición no llega a ser completa si la energía no se activa movilizando el cuerpo… y trabajando la consciencia. El ejercicio es parte de un programa eficiente de nutrición energética.

Es importante entender cómo somos desde un punto de vista energético. Por ejemplo, desde la niñez, las mujeres nos mostramos más atraídas por energías yin, precisamente porque nuestro núcleo energético es yang (más pequeñas y compactas, resistentes y fuertes, prueba de ellos es que sobreviven más niñas que niños al nacer) y necesitamos la polaridad yin y yang para vivir en equilibrio. Comiendo más grasa, dulces, verduras, frutas y ensaladas que los hombres, e inclinándonos por lo suave, artístico y delicado, nos vamos cubriendo de sustancia yin, lo que nos da el aspecto exterior propio del sexo femenino.

Pero con los años, la sustancia que han ido acumulando los tejidos se va desgastando, y emerge el núcleo interior. Para mantenerse joven, es importante realizar prácticas que favorezcan la regeneración de los tejidos que año tras año se van secando, lo cual requiere de una alimentación que nutra la sangre, la esencia y la energía yin corporal.

Hay alimentos que masculinizan a la mujer, como el alcohol, la proteína animal y el tabaco. Hacer deporte excesivamente, seguir dietas muy drásticas o ayunos importantes, queman los recursos orgánicos, secando el yin. La piel se seca, se arruga con facilidad, y las mujeres se vuelven más tensas, más territoriales, más masculinas, y al llegar a la menopausia los síntomas de calor son más intensos, porque no hay fluidos ni sustancias básicas que refresquen el sistema.

Así que, amigas, debemos tonificar bien el yin interno, alimentarnos de manera inteligente y complementarlo SIEMPRE con la práctica de ejercicio suave, regular, y nunca de forma extenuante, para no secarse, y derrochar feminidad 😉

En el caso de los hombres, nutrirse requiere igualmente de una alimentación consciente de las necesidades energéticas y de la activación del organismo con ejercicios adaptados a su condición y edad. Salir a correr de repente, como hacen mis vecinos con canas, cuando no se ha entrenado previamente para ello, es una forma fácil e innecesaria de lesionarse.

Cada uno sabe en el fondo lo que le va bien, activa su energía, le NUTRE cuerpo y alma, y le conecta: largos paseos, tonificación consciente, pilates, tai chi, yoga, meditación, golf, bicicleta, …

Y cierro este post con una frase del Dr.Samuel Hahnemann, gran sabio, vanguardista y revolucionario padre de la Medicina Homeopática:

“La salud no puede ser obtenida sin la participación de la persona, a la que le exijo que esté atenta de sí misma, se estudie y respete sus necesidades”.

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