Un plan de recarga que nunca falla

“Me hubiera gustado llegar de día”, pensé cuando subía por una de las carreteras de montaña en plena Sierra de Gredos. Ya había caído el sol a mi llegada al Hotel Nabia, uno de los lugares más bonitos que he visitado nunca. Sólo una diosa podía darle nombre a un hotel con poderes especiales. Según cruzas la entrada, el cansancio de una semana agotadora desaparece al instante. La calidez del salón principal con chimenea me alegró la idea de haber llegado de noche, los acertados puntos de luz y las velas del comedor resaltaban el alma acogedora de toda la casa, decorada con gusto y encanto a base de muebles coloniales, rústicos y elegantes, recuerdos de viajes a otros continentes, y alfombras de color. La acogida de los dueños y de todo el personal fue tan amable, que a los pocos minutos ya me sentí como en casa, dispuesta a disfrutar de una cena exquisita rodeada de cuidadosos detalles. La crema casera de calabaza y jengibre deliciosa, sin natas, como a mí me gusta, y el lomo de merluza del cantábrico con verduras salteadas de una calidad excepcional. Cayó media botella de vino de Matarromera (por una vez…) y aquí mi mayor confesión, no pude resistirme a probar la tarta de chocolate negro (sin gluten) con sorbete de frambuesa… un escándalo!!!

Despertarse en medio de un cuadro no es algo que pase todos los días, y así es como me ví yo al amanecer, rodeada de grandes valles y laderas de robles, castaños y al fondo el pico Almanzor. Colores otoñales ensalzados por un día de sol que la diosa Nabia parecía regalarnos para animarnos a la expedición. Al salir de la cómoda habitación de suelos radiantes, los escalones de madera pintados de verde claro llamaron mi atención, hasta que descubrí los grandes ventanales que rodeaban la casa, cubiertos la noche anterior por grandes cortinas blancas. Las vistas desde cualquier lado de la casa son un verdadero espectáculo, no sabes si quedarte en el sitio fotografiando mentalmente las laderas con toda tu atención, tumbarte en el césped del jardín que rodea la piscina junto a la maravillosa Tina, otra diosa mastín que cuida de la casa, o emprender una caminata aventurera por la montaña.  

El desayuno fue un homenaje a la gastronomía local y bien equilibrada, pues la variedad del buffet ofrecía tantas combinaciones acertadas desde un punto de vista nutricional y sensorial que daban ganas de salir y entrar del comedor varias veces para volver a desayunar: fruta de temporada, müesli, semillas, frutos y frutas secas, yogures, piñones de temporada!!!, huevos, jamón ibérico, quesos locales, panes artesanos (incluso sin gluten), numerosos tipos de tés, zumos recién exprimidos, mermeladas caseras, miel, etc.  Y no sólo eso, el juego de té y la vajilla de cristal y relieves me recordaban al menaje portugués que he visto tanto de niña en casa de mi abuela… no faltaba un sólo mimo en la presentación, y no hay cosa que más me pueda gustar que los detalles bien pensados en una mesa o en un comedor.

Sin duda, la mejor manera de bajar revoluciones, saborear despacio, viajar al interior de uno mismo, compartir sensaciones, dejarse cuidar, respirar naturaleza, dormir profundo y equilibrar la salud… no, no es un sueño, todo forma parte de un plan infalible de nutrición y recarga energética.

Y cual pirata en busca de tesoros, abro en el Hotel Nabia un nuevo cuaderno de viajes y experiencias únicas 💎 de la mano de @rusticae. Porque soy energía, genero energía todos los días y elijo recargarme con la mayor garantía.  

Cómo no voy a querer repetir pronto? #recargarusticae

Muchas gracias @rusticae @hotelnabia

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